Iguanodon, el dinosaurio peor montado de la historia

El Iguanodon fue el segundo dinosaurio en la historia en ser descubierto, concretamente en 1822 por parte Mary Ann Mantell, descrito y estudiado tres años más tarde por su marido, el geólogo inglés Gideon Mantell. Al igual que ocurre en arqueología u otras ciencias, al nacimiento de la paleontología no existían tipologías con las que comparar los hallazgos e identificar a que ser pertenecían los restos. Además, la escasez de estos dificultaban la tarea, por lo que no quedaba otra que echarle imaginación al asunto. Y no se defraudó.

Boceto del esqueleto del Iguanodon, que, con solo verlo, algo le dice a uno que no está bien.


Estudiando los dientes del animal, y asesorado por un naturalista del Real Colegio de Cirujanos, Mantell llegó a la conclusión de eran unos dientes similares a los de las iguanas comunes actuales, eso sí, mucho más grandes (lo que viene siendo un dinosaurio hecho y derecho). Mantell nombró al bicho Iguanodon ("dientes de iguana"), como no podía ser de otra manera. Calculando la proporción entre los dientes de una y otra especie estimó que mediría unos 12 metros de largo. Con esa idea relacionada con las iguanas, a todas luces errónea, que se había hecho, comenzó a esbozar la estructura anatómica del saurio en cuestión para su posterior reconstrución.


Boceto de como sería el Iguanodon. Una mega iguana, mega fea.
De la reconstrucción resultó un ser cuadrúpedo y paquidermo con una curiosa protuberancia ósea en el hocico a modo de cuerno. Vamos, una especie de iguana pero más gorda y grotesca.

Louis Dollo y su equipo montando afortunada
y correctamente el esqueleto del Iguanodon.










Este modelo permaneció incuestionable hasta que en 1878 apareció en una mina de Bélgica un grupo de 38 individuos bien conservados que el paleontólogo belga Louis Dollo si lo interpretó bien (el animal era cuadrúpedo pero también mantenía una postura erguida, similar a como pueda tener un canguro hoy en día) y el dichoso cuerno resultó ser un pulgar en forma de espolón que este animal herbívoro utilizaba para defenderse. Más de 50 años tuvieron que pasar para corregir tan equívoca anatomía y devolver el cuerno a su puesto en la mano.


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Desde luego. Muchísimas gracias por el comentario y muy interesante tu enlace :)

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