El sultán que se enamoró de los genitales de una vaca

Ibrahim I fue uno de los sultanes otomanos que antes de tomar la corona pasó por el Kafes o la Jaula dorada de la que ya os hablamos en otra ocasión. Para cuando lo sacaron de su encierro para que se hiciera cargo del Imperio otomano, había pasado más años de su vida enjaulado entre aquellas cuatro paredes que en libertad, de forma que poca cordura cabía esperar de él.
En su caso, la locura se manifestó de diversas formas, pero sobre todo a través de un apetito sexual desbocado y excéntrico. De él se decía que llevaba a cabo toda clase de perversiones sexuales, como por ejemplo sacar a todo su harén al jardín de palacio y hacer correr a las mujeres desnudas mientras las perseguía y, una vez que las alcanzaba, ellas tenían que resistirse y patear. Efectivamente, hablamos de un violador.
Consciente de lo que tenía por hijo y sultán, la madre de Ibrahim, Kösem, se hizo cargo del gobierno y procuró mantenerlo apartado facilitándole esclavas y afrodisíacos para que estuviera entretenido.
Ibrahim I
Un buen día el monarca salió de palacio para dar un paseo y se encontró con una vaca. Recordemos que, después de pasar tantos años encerrados, pudiera ser que nunca hubiera visto antes a este animal, e inmediatamente quedó prendado de ella. O más bien de su genitalia. Ibrahim se maravilló con el tamaño de su vulva y pidió que le hicieran un molde.
Cumplida la orden del sultán, se sacaron varias copias de las partes pudendas vacunas y se distribuyeron por todo el imperio con un mandato claro: encontrar a una mujer que tuviera una vulva semejante a aquella. Y, sorprendentemente, la encontraron.
Fue en Armenia, y la afortunada fue una campesina de cientos de kilos de peso (que bien podría haber ingresado en el Club de los Cien). No sabemos si contra su voluntad o si la necesidad contribuyó, la campesina armenia fue trasladada a Constanti… Estambul para formar parte del harén de Ibrahim. Ingresó en él con el cariñoso nombre de Sechir Para, algo así como “Azucarillo” o “Terrón de Azúcar”, y rápidamente se convirtió en la favorita del caprichoso sultán.

Seguro que has pensado en algo así al leer "Terrón de Azúcar".

Desde esa posición fue ganando cada vez mayor influencia en la corte, lo que fue incomodando cada vez más a la reina-madre Kösem. Y llegó a tener asignado como dotación económica anual todo lo recaudado vía impuestos en la ciudad de Damasco. Ojito que hablamos de una persona muy importante.
Pues bien, parece ser que Terrón de Azúcar no era trigo limpio, y rápidamente se olvidó de su pasado campesino y llevó a cabo acciones un tanto dudosas como aquella vez que acusó en falso a otra mujer del harén de ser infiel al sultán y eso acabó con todo el harén ahogado en el Bósforo (salvo Terrón de Azúcar, claro, y otra mujer más).
Y claro, Kösem no estaba dispuesta a lidiar con un elemento así pululando por la corte, así que un día la invitó a cenar y la envenenó. Y así acabó la historia de la favorita de Ibrahim, la de la vulva de vaca. 


Algún lector habrá sospechado líneas atrás que esto debe ser otro INVENT, uno más de los bulos históricos que circulan por la red. Y hay bastante pruebas que así lo demuestran.

En primer lugar, ¿quién nos cuenta esto? El autor de la crónica que recoge estos sucesos es Demetrio Cantemir, filósofo, musicólogo, geógrafo y, lo que más nos importa, autor de Historia de la expansión y decadencia del Imperio otomano. Y lo que nos importa más aún: príncipe de Moldavia.
Nos explicamos: el Principado de Moldavia era un territorio dominado por el Imperio otomano, a cuyo gobierno colocaba a conveniencia el sultán otomano. Durante algún tiempo estuvo al frente del Principado la familia Cantemir, pero cuando le tocó el turno a nuestro amigo, Estambul dio un volantazo y colocó a un rival de Demetrio.
Nuestro amigo Demetrio
Con un ataque de cuernos importante, Demetrio se alió con Rusia precisamente en un momento en el que las tensiones entre los dos imperios iban creciendo hasta dar lugar a la guerra Ruso-turca (1710-1711). La guerra se zanjó con la victoria de los turcos y parece ser que el moldavo decidió vengarse de otra manera: si lees la obra de Cantemir, da la sensación de que todos los sultanes y sus familiares eran unos depravados, locos, psicópatas… descripciones que, no por casualidad, coinciden con las que determinados historiadores hicieron de algunos emperadores romanos.
De forma que, ¿estaba loco Ibrahim? Pues atendiendo al conjunto de fuentes y bibliografía sobre él, estamos en posición de asegurar que era un puto loco. ¿Pero cómo no serlo después de años encerrado? 
¿Existió Terrón de Azúcar? Sí, lo hizo y fue tan importante como parece en esta historia. De hecho es bastante probable que también sea cierto que Kösem se la cargase. Ahora bien, rechina un poco eso de que una mera campesina llegase tan alto y tuviera una asignación económica tan importante, igual ya había sido algo importante antes de llegar a la corte… Y, lo más importante, ¿se enamoró el sultán de los genitales de la vaca y les hizo un molde? Esta es la parte difícil de comprobar. Como ocurre con los emperadores romanos, resulta complicado discriminar qué es verdad y qué no de las extravagancias que se cuentan sobre ellos, pero en este caso todo parece indicar que Cantemir aliñó un poco la historia para hacer pasar a Ibrahim por aún más loco de lo que estaba.

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