¿Quién es ese tal Felipe de Edimburgo?

Hoy despertamos con la noticia de que la reina Isabel reúne de urgencia a toda la familia real británica. No se sabe para qué, pero enseguida comienzan a correr rumores acerca de la muerte de su marido, Felipe de Edimburgo. En realidad en España pocos tienen claro quién es exactamente, parece que debe ser muy importante, porque las noticias están a tope con el tema. Al final resulta que no se ha muerto, que solo se retira de la vida pública. Pero, ¿quién es exactamente ese tal Felipe de Edimburgo?
Durante años (muchos), hemos tenido (y tenemos) muy presente a Isabel II como reina del Reino Unido desde el exterior, pero hemos ignorado a su marido, que no es otro que el tal Felipe de Edimburgo (que aunque decimos "de Edimburgo", es en realidad griego). Y eso que su idilio comenzó hace muchísimos años, cuando la reina contaba con apenas trece años (allá por el Jurásico), y cuando Felipe era príncipe de Grecia y Dinamarca. Muchos pensarán que Felipe se enamoró profundamente, pues renunció a todos sus títulos e incluso a la religión ortodoxa para poder casarse con Isabel, pero en realidad es que le había tocado la lotería con eso de que la futura reina se fijase en él si quería pillar cacho de algún poder real, porque si ya le iba a tocar poco con Constantino en el trono griego, después de su derrocamiento no lo iba ni a oler. A cambio, el rey Eduardo le nombró duque de Edimburgo antes del matrimonio con su hija. Felipe e Isabel son, además de esposos, primos segundos por parte del rey Christian IX de Dinamarca y primos terceros por parte de la reina Victoria, pues ambos son tataranietos suyos, porque la endogamia en las familias reales europeas es una tradición muy antigua y que hay que respetar para que no se pierda.


En cualquier caso, ahí está el tipo, casado con la reina hasta sus 95 añazos casi 96 (los de él, que ella todavía es una jovenzuela de 91), pero, como decimos, completamente ignorado por la prensa española, que hoy se deshará en halagos hacia él, recordando sus hazañas, su labor como consorte, su enorme papel en obras benéficas, su intelectualidad y estudios (ha escrito libros sobre pájaros), y todas esas cosas bonitas que se suelen decir cuando uno se muere, y como tenían las noticias preparadas, tendrá que aprovecharlas (sí, sobre pájaros).
Lo cierto es que esta cierta ignorancia y el anuncio de hoy están bastante justificados, porque al consorte no le gustan nada las obligaciones del título. Rehuía en la medida de las posibilidades estos compromisos y aborrecía la etiqueta y el protocolo, de hecho llegó a decir que actos como la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres lo sacaban de quicio. En realidad Felipe de Edimburgo es conocido en el Reino Unido por sus salidas de tono y sus momentos absurdos, esos que nos molan en Ad Absurdum, y que son los que vamos a recopilar aquí.
A lo largo de toda su vida, Felipe de Edimburgo ha hecho gala de un humor ácido y, a pesar de ser griego, muy británico. Ya en 1947 se dice que en una conversación con un encargado de ferrocarril, Felipe le preguntó si tenía alguna posibilidad de ascender, a lo que el encargado respondió que solo si moría su superior. "Justo lo que me pasa a mi", respondió Felipe.
Precisamente a causa de ese humor, las relaciones diplomáticas no se le daban demasiado bien. En 1967 dijo que le gustaría viajar a Rusia, aunque "los cabrones asesinaron a la mitad de mi familia". Durante un viaje a Kenia, tras aceptar el regalo de una mujer, le preguntó: "Eres una mujer, ¿no?". En una visita a China, por ejemplo, hablando con unos estudiantes ingleses de intercambio les dijo: "Si siguen aquí más tiempo acabarán con los ojos rasgados". En otra ocasión, a unos ingleses que habían hecho un periplo por todo Papúa Nueva Guinea, les felicitó porque "habían logrado no ser comidos". En Hungría declaró que todos los habitantes del país tenían "barriga cervecera", y a un grupo de aborígenes australianos les preguntó que si aún arrojaban lanzas. En general, para Felipe todos los pueblos (excepto el inglés, claro) son reducibles a un tópico: escoceses borrachos, aborígenes hábiles con las lanzas, caribeños piratas, papúes caníbales... a prácticamente cada pueblo del planeta le ha dedicado una perla.
Y esto es solo la punta del iceberg. No solo las relaciones diplomáticas eran un problema, sino que Felipe no ha escatimado en comentarios fuera de lugar hacia minorías étnicas, minusvalías, etc. En una visita a una fábrica, según el diario El Mundo, hubo un problema con una caja de fusibles. El consorte declaró: "La debe haber puesto un indio". Cuando se llamó la atención por el comentario, añadió: "¿Ha estado alguna vez en la India? ¿Ha visto como están allí las cajas de fusibles?". En una visita a un hospital, se dirigió a una enfermera filipina a la que dijo: "Filipinas debe estar medio vacío porque estáis todos aquí trabajando". Y, durante un festival, cuando le presentaron a una asociación de sordos mientras actuaba un grupo de música que estaba sonando a mucho volumen, dijo: "Aquí no me extraña que estén ustedes sordos".

Aunque uno de los momentos más épicos fue cuando en una visita de Obama al Reino Unido se reunió con él. El presidente estadounidense le explicó que ya se había reunido con Gordon Brown, David Cameron, y Dmitri Medvédev. "¿Es que puede distinguir a unos de otros?", replicó Felipe.
Ya hemos visto que incluso dentro del país ha hecho comentarios sobre todos, cómo llamaba a los escoceses borrachos, pero hay más: en una ocasión un parlamentario se le presentó como representante de la ciudad de Stoke-on-Trent, respondió "Qué lugar tan espantoso". A un profesor de autoescuela en Escocia le preguntó cómo conseguía mantener tanto tiempo a los lugareños lejos del aguardiente hasta que terminaban el examen. Cuando le presentaron a una nonagenaria que se protegía del frío con una manta térmica (esas de aluminio), preguntó que si es que la iban a meter al horno. En otra ocasión, durante una recepción, se dirigió a un invitado negro y le preguntó que de qué "exótico país" procedía, a lo que el invitado respondió que era de Birmingham y que estaba en la fiesta por su condición de Lord. Sobre la crisis declaró: "antes todo el mundo se quejaba de no tener tiempo libre. Ahora todo el mundo se queja de estar en el paro". Al fijarse en que un político escocés llevaba una corbata con el típico estampado de cuadros escoceses, se dirigió a otra política escocesa para preguntarle: "¿Tú también llevas bragas hechas de eso?". Después de lo de borrachos y esto, quizá haya que buscar más razones para la independencia escocesa en la vida de este hombre que en la historia.
Así las cosas, el Reino Unido está bastante dividido según las opiniones con respecto a su persona: por un lado la izquierda británica lo considera un racista que no hace más que poner en evidencia al país y que no representa sus valores. Por otra parte, la derecha lo define como un librepensador, enemigo de la dictadura de la corrección política.


Debbie Reynolds con el príncipe Felipe.
Tampoco ha destacado nunca por el buen trato a las mujeres, y muchas de sus perlas recuerdan hoy a Donald Trump. En una ocasión, en mitad de un acto público, se dirigió a una joven rubia que llevaba puesto un vestido con una cremallera que lo recorría de arriba a abajo para decirle: “Me arrestarían si bajara esa cremallera”. Y no solo palabras, en alguna ocasión se le fue la mano, de hecho le tocó el culo a la actriz recientemente fallecida Debbie Reynolds. Últimamente corrían rumores por el Reino Unido que relacionaban su vitalidad con sus aventuras sexuales con mujeres más jóvenes que él (pero es que cuando superas los 90 años lo difícil es tener aventuras sexuales, lo fácil es que sea con mujeres más jóvenes que tú, y más difícil todavía sería tener aventuras sexuales con mujeres mayores que tú). Pero ya hace años se hablaba de aventuras con mujeres como Zsa Zsa Gabor o Patricia Hodge.
El caso es que sus meteduras de pata se han convertido en un auténtico negocio para algunos: cuando Felipe cumplió 85 años, salió a la venta un libro que recopilaba todas sus salidas de tono y sus frases más célebres, y en muy poco tiempo se convirtió en best seller en todo el Reino Unido. El año pasado dos periodistas actualizaron el recopilatorio y la publicaron en un nuevo libro bajo el título Prince Philip: wise words and golden gaffes.
Otra curiosidad: os habréis fijado que no hemos usado el título de rey para referirnos a él en ningún momento, y es que en el Reino Unido el marido no toma el título de su esposa ni su apellido, aunque al contrario sí que ocurra.
Y por cierto, a muchos os llamará la atención que Felipe es caballero de la Orden del Cardo, pero no nos cansaremos de recordar que el cardo es la flor insignia de Escocia. En realidad lo extraño es que después de todo lo que ha dicho sobre Escocia, siga ostentando algún título escocés.
Pues nada, aquí tenéis un poco más retratado a ese tal Felipe de Edimburgo que hoy anuncia que se retira de la vida pública. La verdad es que la prensa y los cómicos británicos pierden un filón importante. Así que nada, le deseamos un feliz retiro.

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4 comentarios:

  1. A ver que yo me aclare: ¿es hermano del derrocado rey griego? Entonces, ¿es tío de la reina Sofía?

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    1. No, no, perdón. Escribimos la entrada tan rápido que tuvimos un lapsus. La frase original no era así y al cambiarla se quedó mal, la corregimos. Para disipar todas las dudas, aquí tienes un árbol genealógico (aunque igual te crea más dudas, porque tela...): https://forodinastias.files.wordpress.com/2013/04/grecia2xg3.gif

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  2. En España el marido de la reina tampoco ostenta el título de rey, aunque la mujer del rey sí es reina.

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    1. Gracias por la aportación. No queríamos extendernos en ese punto pero hay cierta ambigüedad al respecto, porque oficialmente es como dices, existe el título de "reina consorte" y el de "consorte de la reina". Sin embargo, el único precedente que tenemos en España es el de Francisco de Asís, cuyo título sí que era "rey consorte". En cualquier caso, tienes razón en cuanto a la norma.

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