Calígula: el emperador y sus locuras (y alguna verdad)

¿Qué no se ha dicho ya sobre Calígula? Sobre él se cuenta que nombró senador a su caballo, que se acostó con sus hermanas, abrió el vientre de su hermana para sacar el hijo que esperaba, mantenía relaciones sexuales y comía mientras presenciaba torturas de presos… incluso nosotros mismos hemos contado aquí cómo declaró la guerra al mar. Sin embargo, hoy nos preguntamos qué hay de cierto en todo esto.



Ya hemos advertido alguna vez que tomarse al pie de la letra y dar por cierta la información de las fuentes antiguas sin poner en duda lo que afirman conlleva ciertos peligros. Sin embargo, para el caso de Calígula, no nos queda más remedio que acudir a ellas. En contra de lo que pueda parecer, no son muy abundantes los testimonios con respecto a este emperador, y casi se pueden contar con los dedos de una mano. Lo menciona Séneca, Filón de Alejandría, Tácito… pero hacen poco más que mencionarlo. Más exhaustivo es Dión Casio y, sobre todo, Suetonio. Si todos los citados describen una mente trastornada, son estos dos últimos los que profundizan en ello.
En primer lugar, podríamos empezar por dudar de la objetividad de un relato que emplea fórmulas como «ni siquiera entonces había podido dominar su cruel y malvada naturaleza» (Suetonio), pero a fin de cuentas era la forma de escritura por entonces. Pero vayamos al contenido de estos autores.
En principio, la mayor parte de «locuras» que citan estos autores suelen hacer referencia a excentricidades como cambiar las fórmulas de juramento para que apareciese citado el propio Calígula, organizar espectáculos sumamente ostentosos, construir templos dedicados a su persona, cobrar impuestos a las prostitutas, etc. En definitiva, cosas que, por extrañas que hoy nos puedan parecer, no revisten más que meras excentricidades que no ponen de relieve que el emperador sufriese ningún tipo de enfermedad mental más allá de los delirios de grandeza propios del cargo.
Pero ¿qué hay de esos grandes tópicos? Comencemos por uno de los más comunes: Calígula nombró cónsul a su caballo. Es Suetonio quien menciona este episodio, sin embargo, en la traducción que nosotros hemos empleado, lo único que dice es: «se dice que tenía pensado nombrarlo cónsul [a su caballo Incitatus]». Ya está. Toda la historia del caballo cónsul, gobernador de provincia y demás proviene de esa escueta frase, que habla de una posibilidad, no de un hecho, y además comienza por «se dice».

Calígula interpretado por Malcolm Mcdowell (este sí que está grilladísimo)

Bueno, vale, quizá no nombró cónsul a su caballo, pero sí que hay muchos detalles muy locos sobre su vida sexual. Efectivamente, así es. Las fuentes son especialmente ricas en este sentido, nos hablan de bisexualidad, travestismo, adulterio, y un larguísimo etcétera. Pero nada que indique un trastorno mental y, desde luego, nada distinto a las prácticas de otros emperadores y otras figuras de la historia romana.
Aunque sí que merece la pena detenerse en un aspecto de la vida sexual y amorosa de Calígula, otro de los tópicos: mantuvo relaciones con sus hermanas. Efectivamente, así nos lo cuenta Suetonio también. Durante muchos años tuvo sexo con ellas, de hecho con Drusila llegó a llevar una vida marital y a engendrar una hija con ella. Pero, aunque esto pueda parecernos una locura, e incluso para los romanos de la época así fuera también, lo cierto es que esta era una práctica habitual en las monarquías orientales. Y resulta que Calígula fue criado en Oriente, donde su padre y él se dejaron influir por el modelo de dinastía helenística, tan distinta en muchos aspectos a la monarquía del Imperio.
De hecho existen estudios que señalan que lo que este alocado personaje trataba de imponer por medio de sus medidas y reformas era ese modelo, mucho más despótico y con mayor poder para el emperador. Esto iría en detrimento de instituciones como el Senado, que vio mermado su poder durante el gobierno de Calígula. Y aquí llegamos a un punto interesante: Suetonio y Dión Casio son autores posteriores a Calígula que se basaron en textos y testimonios de senadores y aristócratas, que fueron precisamente los que más sufrieron las medidas de Calígula, especialmente duro con las clases más poderosas. Esto podría explicar una advertencia que hace Tácito: «los hechos de Tiberio y Gayo [Calígula] [...] fueron falseados mientras vivían, por miedo, y escritos, después de su muerte, con el odio aun fresco». ¿Es posible que el odio a este emperador diera lugar a un retrato monstruoso que se alejaba de la realidad?
Obviamente no solo las fuentes van a tener la culpa de la idea que hoy tenemos sobre Calígula. Buena parte de lo que hoy creemos saber de él se lo debemos al cine y la literatura. Son muchas las películas y libros en que este emperador aparece reflejado, en el mejor de los casos, de forma totalmente fiel a las fuentes, reproduciendo al pie de la letra cada una de las extravagancias que sobre él se cuentan. Pero en muchos casos, como si no hubiera suficiente, encontramos otras obras en las que vemos a un personaje mucho más perturbado de lo que nos cuentan las fuentes, adornándolo con algunas nuevas excentricidades. Lo vemos en la serie Yo, Claudio (1976) basada en el libro del mismo nombre de Robert Graves, en el libro Calígula de Albert Camus... pero sin duda el mejor ejemplo de lo que estamos diciendo lo encontramos en la película erótica (por no decir porno) Calígula (1979), dirigida por Tinto Brass y en la que Malcolm McDowell interpreta a un emperador completamente loco, capaz de las mayores excentricidades y fechorías. Pero no solo la ficción se ha encargado de construir esta imagen, también en el mundo del documental encontramos ejemplos. Canal Historia, ese canal al que aún no hemos atacado lo suficiente en este blog, produjo hace años la serie Los malos de la Historia que dedicó un capítulo completo a Calígula reproduciendo algunos de los tópicos y lugares comunes que sobre él existen, y haciendo un ejercicio tan "centífico" como establecer un índice de maldad (como si se tratase de algo cuantificable) y realizar un ranking que comparaba el grado de maldad de personajes como Julio César, Himmler o Göring.

Captura de pantalla al final del episodio dedicado a Calígula en la serie Los malos de la Historia.


Parece que la escasez de fuentes documentales acerca de Calígula ha propiciado la construcción de todo un mito en torno a su figura, dando por cierto todo cuanto nos cuentan los pocos autores que a él se refieren. Fuera de ambientes académicos, no se ha tenido en cuenta el contexto ni del emperador ni de los escritores, no se ha hecho una labor crítica, ni se ha tenido en cuenta el origen de los testimonios. Algo parecido vimos que había ocurrido con el caso de Cleopatra, sobre la que apenas existen fuentes documentales y que sin embargo es una de las mujeres en la Historia de las que más creemos saber. La tergiversación de la realidad histórica en las pocas fuentes que existen, unido a las visiones románticas y poéticas de la Historia, el cine y la literatura, nos han dibujado un personaje caricaturesco que probablemente se parece bien poco al real. Una imagen de la que, como hemos visto, se han hecho eco grandes medios de divulgación como el Canal Historia o Hollywood redundando y perpetuando la leyenda.


Calígula: 1400 días de terror. Documental producido por el Canal Historia.
También en la serie Los malos de la Historia, del mismo canal.

  • Suetonio. Vida de los doce césares. [Traducción y edición de Alfonso Cuatrecasas. Madrid: Austral. 2007].
  • Tácito. Anales. [Traducción y edición de Beatriz Antón Martínez. Madrid: Akal. 2007].
  • Roldán, José Manuel (2008). Césares. Madrid: La Esfera de los Libros.
  • Roldán, José Manuel (2012). Calígula. Madrid: La Esfera de los Libros.
  • Muñoz Muñoz, Sara (2015). “Calígula: La invención del emperador loco”, en temporamagazine.com.


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