Embarazada por una bala

Interpretación del aspecto que podría haber presentado la bala
Si ya uno tiene que hacer un esfuerzo intelectual importante para creerse que una paloma o la Providencia dejasen embarazada a la Virgen María, o si nos costó superar los peligros que entrañaba bañarte en la misma piscina o bañera que otra persona, llega un nuevo fenómeno: quedarte embarazada de un disparo.
Esta es la noticia que transmitió la revista médica American Medical Weekly en noviembre de 1874, de reputado valor científico por entonces. En las páginas de aquella publicación, el doctor T. G. Capers daba noticia de un caso insólito, el de una mujer que había quedado embarazada tras recibir un balazo de rebote. Al parecer, la reconstrucción de los hechos vendría a ser algo así: durante la batalla de Raymond, cerca del río Mississippi, en 1863, un soldado, a la sazón amigo personal del doctor, fue herido por un disparo que le atravesó el testículo izquierdo. La bala continuó su camino y vino a detenerse en el abdomen de una joven de diecisiete años.
Nueve meses después, la chica dio a luz a un niño sin que hubiera mantenido relaciones sexuales con nadie, o al menos así lo declaraba ella. El colmo llegó cuando, tres semanas después de su nacimiento, el bebé hubo de ser operado, extrayéndole el propio doctor Capers los restos de una bala del interior de su cuerpo. Algunos pensarán: entonces el bebé ya estaba dentro cuando la joven recibió el disparo… ¡NO! Capers deja claro que el niño es producto de la inseminación de aquella bala, que se desarrolló incorporando la bala a su propio cuerpo, y nosotros no somos quienes para llevar la contraria a un médico.
Pero la historia no termina aquí, sino que, como si de una comedia romántica hollywoodiense se tratase, el soldado y la chica heridos por la bala se conocieron, pues el padre de la criatura no podía creer que aquel milagro hubiera tenido lugar y fue a conocer a su supuesto hijo. La magia de la bala y el amor, que siempre nos sorprende, obraron un nuevo milagro, y la pareja acabó por unirse en matrimonio. Una vez casados, alumbraron a otros tres hijos, pero en esas ocasiones no optaron por el uso de armas de fuego, y fue mérito de los óvulos de la joven, y, eso sí, del único testículo útil del soldado, el derecho.

  • DOVAL, G. (2004): El libro de los hechos insólitos, ed. Alianza editorial.

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