Un menú renacentista terrorífico para Halloween


En Estados Unidos, donde está mucho más asentada la celebración de Halloween, existe la costumbre de cocinar platos que simulan ser cosas aterradoras: salchichas de Frankfurt que se convierten en dedos mutilados, huevos que simulan ser ojos, platos de pasta que recuerdan a cerebros ensangrentados... un sinfín de recetas para pasarlo de miedo mientras se come.



En los últimos años periódicos y canales de YouTube han publicado recetas y consejos para reproducir esa costumbre, pero nosotros hemos venido aquí para demostrar que esto no tiene nada de original y que esto ya lo hacían  ̶l̶o̶s̶ ̶c̶e̶l̶t̶a̶s̶ en el Renacimiento.
En 2004, el divulgador estadounidense y especialista en historia gastronómica Jeremy Parzen publicó un artículo bajo el título "Please Play with Your Food: An Incomplete Survey of Culinary Wonders in Italian Renaissance Cookery" en la revista Gastronomica: The Journal of Critical Food Studies en el que recopilaba algunos platos que encontró en manuscritos renacentistas italianos conservados en la Biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York.
A continuación os presentamos algunos de esos platos:

  • Pavo vivo que escupe fuego por la boca: todo eso de los macarrones y los huevos en forma de ojos habrían sido chorradas para los renacentistas, que para que veas cómo se las gastaban te presentamos el plato fuerte, que consiste en un pavo que da la sensación de estar vivo y que, para colmo, expulsa llamaradas por el pico. Para lograrlo, era necesario que el cocinero desplumase cuidadosamente al animal antes de cocinarlo y que conservase la cabeza intacta. Una vez pasado por el horno, se le reponían las plumas y la cabeza, y a continuación se insertaban varillas de hierro en las patas para que al servirlo en la mesa diera la sensación de mantenerse en pie. Y ya el toque final: se le introducía algodón mojado en alcanfor en la boca y se prendía. Hay quien proponía también añadir imanes para que el animal "saltase" sobre la mesa.
    Chorradas. ¿Y mi pavo?
  • Gusanos devorando carne: en el Renacimiento las cuerdas de algunos instrumentos musicales se hacían con tripas de animales. Para esta receta, los cocineros italianos recomendaban hacerse con algunas de estas cuerdas desgastadas, con tonos grisáceos, verdosos... Para conseguir el efecto deseado, bastaba con esparcir trozos de estas cuerdas sobre la carne mientras aún se conservaba muy caliente, pues así los "gusanos" empezaban a enroscarse sobre sí mismos, contraerse y retorcerse por efecto del calor. Además, en esos escritos antiguos se dan consejos para hacer la escena más dramática, y en este caso invitaban a los anfitriones a comer la carne con normalidad mientras los invitados observasen atónitos.
  • El huevo viviente: este no es comida, o al menos no te recomendamos que lo pruebes... consiste en crear la sensación de que un huevo camina por encima de la mesa. Para ello los renacentistas recomendaban hacer un agujero en un huevo vacío e introducir una cucaracha en el interior. Esta gente lo tenía todo pensado, y ya contaban con la posibilidad de que la cucaracha se negase a caminar con un huevo curbriéndola. En ese caso lo que nos recomiendan los sabios es acercar una vela encendida al huevo, así el riesgo a morir abrasada invitará a la cucaracha a correr como si no hubiera un mañana. Ahora bien, si quieres conseguir un efecto tanto o más aterrador, no te hace falta el huevo, basta con colocar a la cucaracha viva sobre la mesa.
  • El pastel volador: que el espectáculo no termine. Si podemos hacer que un huevo ande, ¿por qué no hacer que un pastel vuele? Puestos a abusar de animales, ¿por qué no de pájaros? En este caso los cocineros italianos recomendaban preparar dos pasteles: uno normal y otro algo más grande que consistiese simplemente en una base de masa hueca. A continuación se ataba una docena (ojo a las medidas, que luego nos pasamos o nos quedamos cortos) de pájaros al pastel bueno, y los pájaros y el pastel pequeño se introducían dentro de la masa hueca, para que esta hiciera las veces de tapadera. Una vez servido el plato, se levanta la masa hueca y las aves se llevan el pastel volando al techo. Recuerda cerrar las ventanas para que no te quedes sin pastel y sin pájaros. Eso sí, cuando quieras recuperar el pastel bueno del techo, es posible que las aves lo hayan condimentado con sus propias heces.
Aquí Blancanieves preparando su pastel volador.
  • El pescado flotante: si un pastel vuela, es mucho más lógico que un pez flote. Para ello bastaba con preparar una gelatina sobre la que se colocaba el pescado ya cocinado. Con las luces tenues y el brillo de la gelatina en la noche de Halloween, el pescado daría la sensación de estar moviéndose en un río mientras el anfitrión lo trinchaba.
Bueno, aquí tenéis algunas ideas para vuestro menú de Halloween, aunque en realidad no os recomendamos hacer ninguno en casa por la seguridad de los animales y por la vuestra propia, no vaya a ser que el pavo incendie la casa.


  • Parzen, Jeremy (2004). "Please Play with Your Food: An Incomplete Survey of Culinary Wonders in Italian Renaissance Cookery". Gastronomia: The Journal of Critical Food Studies, vol. 4, n.º 4, pp. 25-33.
  • Perrottet, Tony (2010). 2500 años de historia al desnudo. Martínez Roca.


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