Ser racista en el siglo XXI: Tutankamon y los moriscos

Que el racismo es uno de los mayores absurdos de la Humanidad es una cosa que nosotros tenemos bastante clara. Y aunque pensábamos que el siglo XXI haría que desapareciese, todo parece indicar que estábamos completamente equivocados. En contra de lo que cabía esperar, estamos viendo el ascenso de movimientos xenófobos y abiertamente racistas en todo el mundo.


Race mixing is communism. COMMUNISM.

Pero resulta que por encima de lo que los racistas piensen, está una cosa llamada CIENCIA. Y existe una ciencia muy puñetera para estas personas: la biología. Y dentro de la biología hay una disciplina aún más tocapelotas: la genética. Es como una matrioshka de la destrucción de argumentos racistas.
¿Y qué nos dice la muñeca pequeña sobre el racismo? Pues básicamente que si eres racista, eres imbécil.
Parece que la idea de que todos provenimos de África no es suficiente para los fans de Adolf, el KKK y Hogar Social Madrid, así que no hablaremos de Prehistoria. Vamos a poner dos ejemplos históricos, que para eso estamos en un blog sobre Historia, que ilustren lo estúpido que se puede llegar a ser en la actualidad defendiendo tesis racistas.
Para apilar piedras, los egipcios tuvieron que
recurrir a ayuda exterior, claro.
El primero de ellos nos llevará a Egipto. En la actualidad este país está compuesto por grupos diversos como los beduinos, los nubios, los gitanos, los beja… a nivel religioso, aunque existe una mayoría musulmana, también hay diversidad, aunque existe una mayoría musulmana. Por eso, uniendo religión y etnia un amigo racista reduciría esa diversidad a “putos moros”.
Pero el caso que nos atañe nos lleva al Egipto antiguo, cuando no existía tanta diversidad, pero la había, pues también convivían grupos nubios, árabes, bereberes, etc. O, de nuevo, “putos moros”.
El grado de racismo hacia esta civilización se hace evidente encendiendo el Canal Historia: las pirámides las hicieron los aliens. Porque los romanos podían construir lo que quisieran, pero los “putos moros” necesitaban ayuda exterior para construir una forma geométrica sencilla.
Pues bien, sobre esta civilización la ciencia ha descubierto algo interesante que echa por tierra todos esos argumentos por la preservación de las razas occidentales y pollas en vinagre. Y es que un estudio del centro genealógico del ADN iGENEA reconstruyó el perfil de ADN del célebre Tutankamón y descubrió que pertenecía al haplogrupo R1b1a2.
“¡Oh, Dios mío!”, habrá pensado alguien. La mayoría nos hemos quedado igual que estábamos. Pero la cuestión es que a este haplogrupo pertenece en la actualidad el 50% de los europeos y el 70% de los españoles.


"A ver cómo de moro es este".
Ahora a ver si adivinas cuántos egipcios actuales pertenecen a ese grupo… 
¡Menos del 1%! Es decir: existen más posibilidades de ser descendiente del faraón si has nacido en España que si has nacido en Egipto.
Claro, puede ser que algún tozudo racista llegue y diga que esto lo que demuestra es que Tutankamón no era un “puto moro”, sino que era un blanco que dominó a miembros de una raza inferior. Incluso si demostrásemos que la mayor parte de egipcios pertenecían entonces a ese grupo que emigró desde orillas del Mar Negro, y al que pertenecemos la mayoría de españoles en la actualidad, los racistas conseguirían forzar el argumento hasta decir que precisamente por no ser “putos moros” lograron construir sus pirámides.
La tozudez racista alcanza extremos increíbles, y de nada sirve que los docentes de Historia muestren una historia de la Humanidad siempre interconectada, plagada de migraciones, invasiones, mestizaje, etc. En un caso como el de España, donde más evidente debería ser este constante cruce de pueblos, etnias y demás por su propia historia, sorprendentemente también sobreviven estas ideas.
Si nos fijamos en el caso de España, un análisis nos dirá que la mayor parte de nuestros genes son de ascendencia celta e íbera, todo un motivo de orgullo para un skin. Y es más, veremos que la presencia de musulmanes en la península apenas dejó huella en nuestros genes, aunque eso sí, tan poca como los romanos o los fenicios.
Pero para desgracia de estos ejemplares sin un pelo de tolerancia, existe esa huella y, ¿adivinas dónde es más frecuente? Porque el racismo también se vuelve más local, y pasa de lo internacional a lo nacional y, si nos apuras, incluso entre pedanías vecinas.
Muchos pensarán que quién va a tener más de celta y menos de “puto moro” que un gallego, un asturiano o un cántabro. Y quién va a ser más moro que un andaluz… 
Ángel Carracedo, experto en genética e investigador
del proyecto 
Pues un estudio de la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Leicester ha revelado que un gallego tiene más porcentaje de genes del Norte de África que un granadino, por ejemplo. La mayor parte de herencia genética norteafricana se concentra en la parte más occidental de España, y en mucha menor medida en la oriental. Castilla La Mancha es la comunidad con menos presencia de estos genes, y cerquita están la Andalucía oriental, Valencia o Murcia, en contra de lo que cabía esperar.
Existe un debate acerca del motivo, y va ganando terreno la hipótesis de las migraciones forzosas de moriscos tras la Rebelión de las Alpujarras. Pero la verdad es que esto es lo que menos nos interesa ahora mismo, pues lo único que queríamos era poner de relieve lo estúpido que es, en unas sociedades que son producto de continuos movimientos migratorios, de invasiones, de flujos comerciales, etc., seguir siendo racista.

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1 comentario:

  1. Me ha encantado el artículo.

    Es el primero que leo de vuestro blog, y juntando datos científicos y toques de humor, creo que se puede hacer una buena labor de difusión de la historia, y ser azote de fenómenos como el racismo, que se comenta en este artículo.

    Enhorabuena, y por supuesto, ya os tengo incluidos en mis marcadores de webs históricas.

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