El arqueólogo que no cambió la historia: Ranuccio Bianchi Bandinelli

Con ese titular un tanto sensacionalista abrimos, de manera obligada, esta entrada. ¿Por qué obligada? Bueno, porque es la manera en la que abrieron en 2016 decenas de periódicos italianos, cuando no con otros titulares como "El hombre que no mató a Hitler y Mussolini".

Ale, ya está, ya lo hemos dicho.

Hoy, en Ad Absurdum, Ranuccio Bianchi Bandinelli.


A aquellos que hayan estudiado Historia y Arqueología quizá les suene. Al menos nosotros nos tragamos su libro "Introducción a la arqueología como historia del arte antiguo" de cabo a rabo junto con los Carandini, Renfrew, Gutierrez, etc. de turno. 

Bandinelli (1900-1975) fue uno de los arqueólogos e historiadores del arte más relevantes de su tiempo. Nacido en una familia noble italiana, se dedicó a estudiar mediante la arqueología a los etruscos, y promovió un proyecto de Carta Arqueológica para un estudio más eficaz de los restos arqueológicos. Pasó por varias universidades en un periodo en que estuvo muy influido por el historicismo idealista de Benedetto Croce, y estudió en profundidad el arte romano, que definía como una confluencia de una corriente helenística culta y de otra corriente más popular.

Ahora bien, ¿por qué le ha caído a Bandinelli la cruz de no haber matado a esos dos dictadores? Pues bien, este arqueólogo estaba tan tranquilo en su casa cuando recibió un telegrama que le citaba en Roma de manera inmediata. ¿Su pecado? Saber alemán.

Hitler iba de visita a Italia, y necesitaban un guía de lustre. Gran arqueólogo, hablaba alemán y, además, estaba afiliado al Partido Fascista. Era perfecto.

Bandinelli, en el centro, explicando a Hitler
El régimen fascista estaba especialmente orgulloso de los trabajos de Bandinelli, así que no lo dudaron. Fueron cuatro días intensos de vueltas por Italia que dieron, de hecho, para un libro del propio Bandinelli: "Hitler e Mussolini. 1938: Il viaggio del Führer in Italia" (1995).

Hasta aquí todo más o menos normal. Sin embargo, a partir de ese momento, Bandinelli haría unos cuantos movimientos extraños. En 1939 se negó a dirigir la prestigiosa Escuela Arqueológica Italiana de Atenas, de la que acababa de ser expulsado su director, el arqueólogo Alessandro Della Seta, por ser judío. En 1942 el ministerio le encargó dar una serie de clases en Berlín sobre la civilización italiana y, una vez más, se negó.

Bandinelli recibiendo el diploma de
miembro extranjero de la Academia
Soviética de las Ciencias en
octubre de 1959.
Parece que durante ese período, se alejó de posiciones ambiguas y se implicó en los movimientos antifascitas, concretamente en posiciones 'socioliberales' que derivarían en la creación del Partito d'Azione. Tras el arministicio del 8 de septiembre de 1943, fue detenido  en 1944 junto a otros profesores antifascistas, sospechoso del asesinato de Giovanni Gentile, filósofo adherido al régimen. La familia de Gentile intervino para evitar represalias. Ese mismo año, Bandinelli se unió al Partido Comunista Italiano.

Ahora bien ¿a qué viene eso de el 'hombre que no cambió la historia? ¿Sensacionalismo barato o hay algo más?

Pasaron varias décadas y un director de cine, Enrico Caria, descubrió la autobiografía de Bandinelli, en la que relataba el viaje. Lo que descubrió es que, mientras guiaba a los dos dictadores, el arqueólogo también escribía en su diario cosas bien distintas.

Bandinelli los describió como dos marionetas. Creía que Mussolini caminaba "con movimientos oblicuos de la cabeza, que quieren mitigar su enormidad, pero que solo son torpes y siniestros" y que interpretaba "una comedia pueril". Además, alegaba que no había buena relación con Hitler: "Está claro que no se gustan". Según él, "Mientras Mussolini no ocultó su desinterés o pasaba por los pasillos sin mirar o acercarse a una obra a leer la tarjeta (...), Hitler (...) se conmovía como se conmueve el barbero apasionado de la música con el canto de un tenor".

Bandinelli hablando del Ara Pacis
La actuación que habían montado la adornaba Mussolini pidiendo ayuda "con mirada lamentable" a Bandinelli cuando Hitler hacía algún comentario. Hitler le confesó al arqueólogo que cuando se calmaran las cosas en Alemania, viajaría de incógnito por Italia para ver todos esos monumentos. "Sí, el mismo que ha prohibido a Manet, Cézanne y Van Gogh...", reflexionaba Bandinelli. Y entonces llegó la bomba (chistaco):


"Si un atentado doble puede ser organizado, esta es la ocasión"

Mussolini, Bandinelli y Hitler admirando la 
Venus Victoriosa de Antonio Canova
Bandinelli se dio cuenta de que durante cuatro días decidiría las rutas, los yacimientos y monumentos que se iban a visitar y que controlaba los tiempos. Todo ello teniendo siempre a Mussolini y a Hitler muy cerca el uno del otro, con él rondando. La idea de asesinarlos rondó su cabeza durante todo el viaje, e incluso trazó varios planes para llevarlo a cabo: hacer saltar por los aires el coche que utilizarían o intentar algo en el pasaje que une la galería Uffizi con el palacio Pitti.
Pero la situación le superaba, y en algunas ocasiones, como cuando se quedó a solas con Hitler en el Panteón, los nervios le podían y pensaba que le podían descubrir. Él mismo se definió entonces como "tenebroso e impotente maquinador", solo y paralizado en la inacciónBandinelli concluiría: "Desde el primer día mis propósitos han revelado ser fantasías".

Todo esto llevaría al director ya citado, Caria, a elaborar el siguiente documental:


Este es el relato que apareció el año pasado por varios medios italianos (que tuvieron sus réplicas en medios españoles, traducciones mediante), pero la mayoría se quedaba en ese asunto solamente.

Sin embargo, Ranuccio Bianchi Bandinelli, además de estar implicado en un viaje y de tener sus movidas ideológicas, también hizo algunas cosas más. Fue el encargado, después de la Segunda Guerra Mundial, de reorganizar los museos italianos y la restauración de los monumentos dañados por la guerra desde su puesto como director general de antigüedades (1945-48). Desde ese mismo puesto, trabajó para desvincular la reputación de Italia como país fascista, sobre todo colaborando con exhibiciones internacionales. Paralelamente, tuvo que trabajar para la recuperación de muchas obras de arte robadas por los nazis. Además, debió enfrentar diversas crisis, como la que provocaron los periódicos italianos cuando afirmaron que los Aliados demandarían obras de arte como pagos de guerra.

Desde las universidades de Florencia y Roma, y como director de la escuela nacional de arqueología, se convirtió en maestro de toda una generación de arqueólogos que serán los grandes renovadores de la arqueología italiana (Bruno D'Agostino, Andrea Carandini, Filippo Coarelli, Antonio Giuliano...), centrándose en un estudio de la historia basado en el materialismo dialéctico.
Se embarcó en la publicación de una Enciclopedia dell'arte antica, classica e orientale (1958-1967), una idea de un texto completo sobre el arte clásico para el público general.

Sus teorías, premisas críticas algo generales, dieron pie a una nueva concepción de las excavaciones arqueológicas en Italia, que estaban todavía en mantillas. Se pasó de la búsqueda de tesoros al interés por los instrumentos de la vida cotidiana. Todo esto fue gracias a que sus primeras tentativas dieron pie al desarrollo de una metodología fundamentalmente marxista de los estudios arqueológicos, continuada por sus discípulos y que supuso un cambio de perspectiva fundamental para entender el desarrollo de la arqueología y del estudio del pasado.

Para terminar, os dejamos un vídeo de Bandinelli hablando de la columna trajana:


REFERENCIAS:


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