MANIFIESTO POR LOS DIVULGADORES

El pasado 7 de octubre, con motivo de la efeméride de la batalla de Lepanto, tuvimos la oportunidad de llevar a cabo una campaña en colaboración con otros blogs e iniciativas relacionadas con la divulgación de la Historia, y que cristalizó en el hashtag #TuiteandoHistoria. Desde luego la ocasión resultó muy enriquecedora y sirvió para conocernos un poco más entre todos, pero también nos invitó a hacer esta reflexión.



Desde determinados sectores del academicismo más anquilosado se suele menospreciar la labor que los divulgadores realizan día a día, considerándola poco menos que una mera diversión para quien la lleva a cabo, pero que pocas veces puede lograr una contribución a la ciencia o la sociedad. Sin embargo su error es mayúsculo si piensan que su labor como científicos es superior. Día a día los divulgadores consiguen acercar aspectos completamente ignorados de la ciencia a los ajenos a la materia, despertando su interés y manteniendo activa la maquinaria. Seamos realistas, ¿cuántas personas han llegado a la universidad interesados por la Historia por haber leído una obra de Eric Hobsbawm? ¿Cuántas personas lo han hecho motivadas por juegos como Age of Empires o películas como Indiana Jones? No debe sonrojar a nadie que los cómics de Astérix y Obélix hayan despertado más interés por la Historia que Hugh Thomas o Edward Hallett Carr. Unas y otras son piezas fundamentales de este engranaje que mantiene viva la ciencia, y en ningún caso se deben entender como realidades enfrentadas. 
¿Qué papel juegan los divulgadores en todo esto? Pues se trata de una pieza más, también fundamental. Concretamente se trata de la parte que hace comprensible la ciencia al gran público, traduciendo e interpretando sus avances y contenidos a quienes no están familiarizados con los aspectos más técnicos. Sin esta labor redundaríamos en el error de una ciencia elitista y que difícilmente podría aportar un beneficio a la sociedad.
Acusar de falta de rigurosidad de forma generalizada a quienes realizan esta labor, ya sea desde la literatura o desde las nuevas tecnologías, está completamente fuera de lugar. Si en las llamadas ciencias puras resulta complejo hacer estas acusaciones a personalidades como Stephen Hawking, Neil Degrasse Tyson o Carl Sagan, ¿por qué no encumbramos también a profesionales como Antony Beevor o Marvin Harris? ¿Acaso alguien duda que empleen una metodología adecuada? No dudemos entonces de compañeros como Licencia Histórica, Descubrir la Historia, Muy Historia, Historia Militia,…
En este sentido, carece también de fundamento atacar a determinados proyectos de divulgación como el nuestro, sin ir más lejos, de hacer uso del humor o de un lenguaje que a menudo es tachado de informal. Pero es que los ayatolas del fundamentalismo academicista aún no han entendido que la divulgación consiste en hacer más atractiva la ciencia a ojos de quienes quizá no han tenido la oportunidad de acercarse a ella. Defendamos pues proyectos como Bravo por vos, que, sin profundizar en aspectos complejos, logra familiarizar a miles de personas con personajes y hechos históricos con solo una portada.
También es recurrente el argumento del intrusismo: suele ocurrir que quienes deciden enfrentar estas empresas son en realidad periodistas que no han tenido por qué realizar una formación histórica al uso. En primer lugar, quienes esgrimen este argumento deben reflexionar y hacer autocrítica: estas personas han llenado un espacio fundamental que los académicos habían descuidado y habían dejado libre. Si ellos están ahí es porque alguien no ha querido o no ha sabido llenar ese espacio. Por otra parte, si sus proyectos han calado mejor entre el gran público, ha sido precisamente por ser capaces de prescindir de los elementos elitistas, construyendo un discurso comprensible y atractivo. Además, muchos de ellos han acabado realizando una labor como historiadores mucho mejor que la de los profesionales, llegando incluso a demostrar una mejor metodología y rigurosidad. Porque ejemplos de malos historiadores también tenemos para llenar varios blogs.
Desde Ad Absurdum pedimos que se valore en su justa medida la labor que día a día realizan cientos y miles de divulgadores, muchos de ellos de forma completamente altruista; así como que juntos hagamos piña para hacer avanzar la divulgación. Porque no somos competencia, somos compañeros de un viaje apasionante al que esperamos que se sume cada vez más gente. Por eso nosotros pretendemos aportar nuestro granito de arena publicando, a partir de la próxima semana, una entrada en la que os presentaremos algunos de estos interesantísimos proyectos: blogs, revistas, cuentas de Twitter, etc. No faltes a esta cita semanal, prometemos que merecerá la pena conocerlos.

3 comentarios:

  1. Cierto. La metodología histórica suele obviar todo aquello que suena a fresco, y parte de la culpa de que la gente perciba la historia como aburrida es por esto.

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