El primer papa español excomulgó un cometa

El susodicho papa.
Ya hablamos en este mismo blog sobre cómo se juzgó, y finalmente se excomulgó, a una plaga de langostas en la España del siglo XVII, pero tratándose de un blog sobre el absurdo en la Historia, parece mentira que aún no hayamos tratado una de las excomuniones más célebres y absurdas, la que protagonizó el papa Calixto III.
Calixto III, nacido como Alfons de Borja i Cavanilles en la localidad de Torreta de Canals (Valencia), se convirtió en pontífice el día 8 de abril de 1455, siendo el primer español que lograba tal hazaña. Sin embargo, para ser el primero, parece que no nos dejó demasiado bien.
Desde el principio de su pontificado supo arreglárselas para colocar a distintos miembros de su familia en puestos clave (algo que, por otra parte, es muy español), de hecho muchos lectores ya se habrán dado cuenta: Borja = Borgia (que así suena menos pijo). Incluso algunos llegarían a ostentar el mismo poder que él, tal es el caso de su sobrino, elegido papa con el nombre de Alejandro VI (¡Ca listo el papa! [somos unos genios del humor]). Pero estas prácticas no fueron lo más reseñable de su ejercicio para nuestro gusto, y es que Calixto realizó una de las mayores excentricidades de la historia de la Iglesia:
El susodicho cometa.
Halley para los amigos.
Los astrónomos, alarmados por la observación de un enorme cometa que se aproximaba a la Tierra, corrieron a advertir de su existencia al santo padre, por aquel entonces Calixto III. El papa, aún más alarmado que ellos, trató de dar una interpretación propia: aquello era en realidad un mal presagio, un castigo quizá, que venía a coincidir con la apropiación de Constantinopla por parte de los turcos. Pero el papa era más sabio que aquel pedrusco, así que tomó tres grandes decisiones: la primera, que los príncipes cristianos se unieran para frenar el avance de los turcos; la segunda, excomulgar al cometa. Es curioso que se pueda excomulgar algo que no ha comulgado antes, ni siquiera estaba bautizado por aquel entonces, y para cuando lo fue le colocaron el nombre de Halley. El caso es que el plan funcionó, y la historia tuvo un final feliz: el cometa no llegó a impactar contra la Tierra.
Y diréis: “Habéis dicho que el papa tomó tres medidas, pero solo habéis explicado dos”. Pues resulta que la tercera fue imponer el rezo del Ángelus al mediodía, y así, con la fuerza de la oración de millones de cristianos, evitar el choque del cometa contra nuestro planeta o que, en el peor de los casos, eligiese Constatinopla como punto de aterrizaje y de paso se llevase por delante unos cuantos turcos. Lo curioso es que el Ángelus se sigue rezando al mediodía en la actualidad, así que, por favor, señores cristianos, sigan ustedes rezándolo, no vaya a ser que la próxima visita del cometa Halley acabe con los turcos, los cristianos y la Humanidad en general.

Los susodichos turcos tomando Constantinopla en 1453.
  • GONZÁLEZ RUIZ, D. (2010). Breve historia de las leyendas medievales. Ed. Nowtilus.
  • CONCOSTRINA, N. (2010). Menudas historias de la Historia. Ed. La Esfera de los Libros.

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