Un funeral para una mosca

Virgilio y su mascota
Grandes aristócratas, influyentes políticos, aclamados escritores, cientos de ciudadanos romanos asistieron en el siglo I a. C. a uno de los momentos más absurdos de la historia de la Humanidad: el funeral de una mosca. Y es que la homenajeada no era una mosca cualquiera, en vida había sido la mascota de uno de los literatos más reconocidos de la época, Publio Virgilio Marón.
El autor de La Eneida había desembolsado unos 800.000 sestercios (120.000 euros en la actualidad) por aquellas exequias: decenas de plañideras lloraron la muerte del insecto, los poetas más talentosos le compusieron y recitaron poemas, una banda compuesta por 50 músicos actuó frente a su féretro, y un enorme mausoleo se construyó en la finca del escritor para servir de hogar eterno a los restos de tan celebrada mosca.
Virgilio era ya un literato muy valorado en aquel momento, contaba con amigos en el mundo de las letras y de la política, y era uno de los pensadores más respetados. Sin embargo, con aquel despilfarro, muchos pusieron en duda su cordura, aunque participaron del homenaje a tan sentida pérdida. Meses más tarde comprendieron que el escritor estaba muy cuerdo y que, en realidad, todos los asistentes habían participado de una de los fraudes más ingeniosos y cómicos de la Historia:
Pocas semanas antes de la celebración del funeral, Virgilio había conocido por medio de un amigo, la intención del triunvirato formado por Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido, de redactar una ley por la cual los latifundios que estuvieran en desuso serían expropiados y se donarían a soldados retirados, en reconocimiento a su labor. Pero aquella ley tendría una excepción: aquellas tierras que sirvieran de enterramiento no serían susceptibles de tal expropiación.
Efectivamente, meses después del sepelio, quedó aprobada dicha ley y, cuando las autoridades romanas trataron de tomar medidas contra las tierras de Virgilio, debieron ceder pues, en efecto pocos meses antes se había celebrado en ellas el emotivo homenaje a una mascota fiel, y los restos de la mosca descansaban en el interior del mausoleo construido en su honor. Virgilio había burlado el fisco romano, pero de paso se había burlado de todo un sistema.

  • WALTER, P. (1983): Six-Way Paragraphs, ed. Jamestown Publishers.
  • DOVAL, G. (2004): El libro de los hechos insólitos, ed. Alianza.


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